martes, 23 de julio de 2013

MI ABUELA

 ¿Alguien cree aun en los espíritus?
Yo en concreto, no demasiado; sin embargo la otra noche, cuando miraba el cuadrito que se encuentra en la mesa del salón, a mi izquierda, sentí un escalofrío.
      En dicho cuadro hay una fotografía de los rosales que hay en mi casa, en Vigo; y entre los rosales se ve a mi abuela Maruja – que ya no está entre nosotros – con mi madre. Digo que sentí un escalofrío porque, mientras me llevaba a la boca la taza de café que había preparado para pasar la noche, mirando distraído la fotografía, tuve la sensación de que alguien me pasaba la mano por la espalda al tiempo que decía:
- Anda, que tienes espaldas de  molinero…
    Naturalmente, giré la cabeza hacia un lado y hacia el otro, pero no había nadie.   Lógico,  cómo iba a haber alguien si estaba sólo en casa. Además, la dichosa frase sólo la podría haber pronunciado una persona: la señora de la foto, mi abuela.
    Yo, lo confieso, me asusté un poco, y tentado estuve de llamar a alguien para pedir ayuda. Pero, para qué, si de todas formas todo quedaba en familia. No procedía meter en esto a los cazafantasmas cuando de lo que se trata es de mantener una relación fluida con aquellos que nos quieren – supongo que  mi abuela me seguirá queriendo a pesar de mis defectos – así que pregunté al aire: “abuela, ¿estás ahí?”
    Ni se dignó a contestarme. Tampoco me molesté por ello, porque la mujer está mayor, ahora tendría noventa y pico de años, y ya no son edades para andarse con bromas. Bastaba con hacerme saber que era ella.
    Todo un misterio, ya que cualquier espíritu declinaría el trago de venir a molestarme sabiéndome tan racional; pero ella, mi abuela María Victorina Tomasa Genoveva tiene la suficiente confianza como para presentarse sin avisar. Ni se molestó en hacer una aparición triunfal, simplemente me pasó la mano por el lomo recordándome mi ser material, mi parte animada; todo aquello que es vida, que dura tan poco que lo más importante es no desaprovecharla. Mientras nos movemos – en cuerpo o espíritu – existimos, para después pasar a la nebulosa extensión del recuerdo, y eso es lo que me quiere decir cuando me  mira desde el cuadro y el rosal, mientras mi madre sonríe detrás de ella.
    No sé si alguna vez volverá a sorprenderme con su visita, quizá vino a comprobar si me he civilizado un poco, si he  madurado; lo que si habrá constatado es que mi      caligrafía sigue siendo obra de los demonios, como ella diría.

martes, 9 de julio de 2013

Apuntes de arqueología: Argentina y Chile


De las tres grandes regiones geográficas -el NO., el NE. y la Pampa- en que podemos dividir esta zona austral, es la primera la mejor conocida.
NOROESTE
Además de la influencia panandina, ostensible en toda la región, son también evidentes sus concomitancias tiahuanacoides, incaicas e incluso amazónicas.
- Area atacameña
El clima ha permitido la mejor conservación del material.

Se han hallado, así, restos de arquitectura -pucarás o habitáculos pétreos, rectangulares-, instrumental agrícola, armas indumentaria y, sobre todo, tosca y gruesa cerámica: pucos, vasijas cilíndricas, objetos de metal (Tebenquiche) y figurillas humanas de madera pintada (Rinconada).
- Humahuara
Se conservan restos arquitectónicos -pueblos viejos o poblados junto al agua y pucarás o poblados fortificados sobre colinas-, funerarios -urnas en los ángulos de las habitaciones- y obras de ingenieria,

Su cerámica, con decoración pintada o incisa, es muy variada -pucos, yuros- tanto por su forma como por su decoración (geométrica). Además del arte industrial en metal (tumis), piedra, madera y hueso, son renombradas sus máscaras (Tilcara) y pinturas (Chulín).
NOROESTE CENTRAL
Dentro del complejo Diaguitas distinguiremos:
- La Aguada: Restos de habitación en barro y paja, montículos de tierra o allpataucas, enterramientos cerámica (Ciénaga, policroma;
- Barreal Draconiana: Pintadas en cuencos abiertos y vasijas cilíndricas con asa, pintadas casi siempre con motivos zoomorfos;
- La Ciénaga: Habitáculos ovoides más pequeños y parecilla frente a la puerta; instrumental en piedra y vasijas de tres estilos;
- Condorhuasi: Viviendas tipo pozo, objetos en piedra y figurillas en metal; cerámica tosca, pulida, bi o tricolor y rojo sobre ante;
- Belén: Probable conexión con lo incaico y con características urnas de base troncocónica invertida;
- San José: Urnas de base y cuerpo troncocónicos, cilíndricos y de cuello recto;
- Santa María: Urnas ovoides de cuerpo a veces cinturado cuello cilíndrico, asas horizontales y curiosa decoración antropomorfa muy estilizada.

- Cultura chaco-santiagueña
De las tres fases en que se suele dividir arqueológicamente esta región es la cultura de Las Mercedes la que posee una cerámica más singular, con urnas monumentales, base cónica y paredes con engobe negro en su cara interna, a veces con rebordes blancos.

La Sunchituyoj se singulariza por sus montículos elípticos, piezas textiles y puntas de flecha. En la fase Averías los montículos guardan en su interior cuencos policromos abundando, además de las urnas y hornos las fusayolas, ocarinas, pipas y diversos objetos en hueso y metal.
- Comechigón
Pobre en restos cerámicos, esta cultura de las sierras centrales es bien conocida por su abundante instrumental lítico -hachas, bolas, puntas de flecha, morteros- y sus pinturas rupestres (Cerro Colorado).

- La Candelaria
Los yacimientos que han proporcionado los mejores ejemplares de cerámica salteña -grandiosas urnas funerarias, vasijas globulares con asa y, a veces, tapadera, etc.- son los de El Paso de los Antiguos, El Quebrachal, Huanacocha, etc.

NORDESTE
Las regiones del Paraná y el Delta han sido arqueológicamente, pródigas en túmulos y montículos, vasijas globulares con adornos y figurillas quizá de antecedentes amazónicos.

LA PAMPA
Además de los descubrimientos de la región -puntas de flecha con pedúnculo, cerámica con dibujos ceométricos incisos de la península de San Blas- pueden citarse áreas con yacimientos tan interesantes como los de los núcleos Mendoza-Neuquén (objetos de piedra, placas grabadas), San Luis-Córdoba (hornos) y Querandí, en todos los cuales -excepción hecha de esta última cultura, que posee vasijas globulares y evidentes influjos guaraníes- se aseveran fácilmente como comunes la escasez de material cerámico y el inconfundible sello andino.


@Pacoespada1

miércoles, 3 de julio de 2013

Fría luz


Ahí estás, amor mío, inmóvil, la luz fría de la habitación se añade al frío de mis huesos, inútil coraza que descansa junto a ti, perdida en el inmenso hospital, perdida en el revoloteo de mil batas blancas que van y vienen de cama en cama indiferentes. Y tú sigues ahí, sin moverte, durante días, abandonada a no sé qué pensamientos, ¿Qué pensarás?, ahí están esos tubos que se prolongan de un cuerpo inerte a unos imprescindibles objetos muertos cuyos corazones de metal sustentan una vida exigua.
El atropello...ruido de frenos, un golpe, la gente corre, grita, las sirenas...
Ahí estás ahora, amor mío, junto a mí; continuamos separados por el coma, separados por abismos de recuerdos inalcanzables; se pierde todo aquello que debimos decirnos por los laberintos de la inconsciencia, por los largos pasillos con paredes cubiertas de azulejos, sembrados de cosas que no existen en aquel que fue nuestro mundo.
El cielo se cubre de sombras bajo la luz fría de hospital, fluorescentes crueles que soportas en silencio mientras absorbes el rancio aroma de formol y de tristeza.
El atropello, el ruido, la ambulancia...
Quizá volvamos a encontrarnos en ese mundo consciente y absurdo que compartíamos tú y yo, entonces podré susurrarte al oído todo lo que quise decirte y que no supe, y tú sonreirás, con aquella media sonrisilla que me hacía sentir tan tonto y tan feliz al mismo tiempo.
El atropello, el hospital...
Quiero que acabe pronto esto, quiero que acabe pronto... ha venido una enfermera y se ha marchado corriendo, y tu estás ahí, amor mío, tan callada. Ha regresado con un médico y la habitación ha estallado de alegría, has salido de tu sueño, te levantas de esa silla incómoda donde dormitabas, te acercas a mí y me abrazas, me haces cosquillas en la cara con el pelo. Y por fin abro los ojos a la vida.

@Pacoespada1


miércoles, 19 de junio de 2013

Marta parecía un caracol


Marta parecía un caracol, allí, acurrucada sobre la hierba del jardín inglés, en un día brillante de primavera en el que el prado resplandecía bajo los rayos del sol sonriente.
Paco miraba a Marta con ternura; hacía apenas una semana que la había conocido y ya no podía imaginar como seria el transcurrir del tiempo sin ella. Recordaba momentos impagables a su lado, hablándole en susurros de sus sueños, acariciando su piel húmeda y nacarada. Era algo hermoso, aunque a veces Marta se enfurruñaba, se retraía y entonces no había forma humana de tratar con ella.
Marta se desperezaba lentamente, se estiraba con voluptuosidad bajo una cúpula de trinos y perfumes, se dejaba acariciar por el sol mientras las rosas estallaban en ríos de colores que fluían hacia la mirada, cabezas rojas, blancas y amarillas se agitaban con la brisa. Paco contemplaba a Marta con interés, observaba su cuerpo desnudo y blanco, brillante de rocío; ella se movía lentamente, de un modo que él le parecía perfectamente calculado, hacia la piscina. La siguió con la mirada inquieto. ¿Sabría nadar? Lo ignoraba, no se lo había preguntado, aunque seguramente ella no le habría contestado.
Por un momento temió que se ahogara, pero para algo estaba el allí. Había sido campeón provincial de salto de trampolín el verano anterior; una zambullida en caso de peligro y asunto resuelto.
Recordo, sintiendo un hormigueo en el estomago la ceremonia de entrega de trofeos. Todo el mundo le vitoreaba, su familia lo miraba con orgullo, una ancha sonrisa dibujada en sus rostros. Tampoco le quitaba ojo aquella chica morena que estaba en la grada de su izquierda; había estado durante algún tiempo colado por ella y no se había atrevido a decirle nada. Pero ahora era un gran personaje, podía acercarse a cualquier chica con su halo de campeón. Quizás cuando comenzara el curso en la Universidad...
Pero el curso comenzó y ella no volvió a aparecer ¿Dónde se encontraría ahora?
Un instante después la había olvidado. ¡Se estaba tan bien en el jardín! El sol primaveral le hacia cosquillas en la cara y en los brazos, el cielo se veía rojo a través de los párpados cerrados. Se imagino que así se vería el cielo en Marte.
Abrió los ojos, un petirrojo le observaba desde la rama de un cerezo, mas bien miraba hacia el suelo. El pajarillo debía andar de caza. Paco sintió un ligero temor ¿Qué pretendería cazar? El ave oteaba los alrededores desde su atalaya con rápidos movimientos de la cabeza, iba fijando en todas partes sus ojillos negros, botones diminutos, giraba la cabeza tan deprisa que a Paco no le daba tiempo a seguirle; ahora miraba aquí, ahora allí, sin transición visible. De pronto alzó el vuelo y desapareció entre los brazos de un gran chopo.
Marta tomaba el sol al borde de la piscina, parecía adormilada. Su aspecto era tan delicado que Paco pensó que seria tan fácil destruirla... el poder de la destrucción...
"Siempre le cuentan a uno que es más poderoso el que crea que el que destruye; es extraño que quienes tienen el poder pongan tanto empeño en deshacer lo que antes crearon otros"
Paco pensó que tanto pensar no podía ser bueno; desde la casa le llegó una voz, le llamaban para comer.
Se levanto con pereza y se dirigió a la piscina con paso lento, que a Paco le pareció calculado. Se acerco a Marta procurando no asustarla, se inclino sobre ella y la acaricio un instante.
Después la cogió con una mano y se la guardo en un bolsillo, pensaba llevarla a un discreto rincón, donde estaría a salvo de cualquier peligro. No seria difícil hurtarla un día mas a la mirada de los depredadores, al fin y al cabo, Marta solo era un caracol.

@Pacoespada1

sábado, 15 de junio de 2013

 Ambrose Evans-Pritchard

Ambrose Evans-Pritchard ha cubierto política y economía mundial desde hace 30 años, con sede en Europa, los EE.UU. y América Latina. Se unió al Telegraph en 1991, sirviendo como corresponsal en Washington y más tarde corresponsal de Europa en Bruselas. Actualmente es editor de International Business en Londres. Suscríbase al Briefing Ciudad e-mail.
La gran nación española puede acabar su crucifixión a voluntad, dejando la UEM

 La mente se adormece. Desempleo español subió por otro 237.000 personas en el primer trimestre a 6,2 millones, o 27.2%Esto equivale a aproximadamente 8,3 millones en Gran Bretaña, o 39 millones en los Estados Unidos. El país está perdiendo 3.581 puestos de trabajo al día. Hay 1,9 millones de hogares en los que ningún miembro de la familia tiene un trabajo.La tasa nacional de jóvenes desempleados es 57.2%, llegando a 70 en% Canarias.Esto es a pesar de la emigración masiva de los jóvenes españoles. El País informa que 260.000 jóvenes de entre 16 y 30 abandonaron el país el año pasado.Un gran número de ellas han llegado a Londres. Son alrededor de las oficinas de Telégrafos de Victoria que trabajan en Pret a Manger y Starbucks, deliciosamente bien educado.Otros han ido a Alemania, o el Golfo Pérsico, o más allá. Tal es la diáspora española, no se veía desde éxodo masivo después de la Guerra Civil o la Conquista.Algunos afirman que el desempleo era casi tan alto en la década de 1990. No lo fue. Un estudio realizado por el Banco de España ha encontrado tasa de hoy sería de 4 piezas 5 piezas para mayor bajo la vieja manera de contar, más cerca 32%.

Nada como esto se ha visto antes en los tiempos modernos. Crisis de desempleo en España en la década de 1930 fue mucho más suave, y por una buena razón. España no estaba atado el desastre deflacionaria del patrón oro de entreguerras. Se fue a su manera.El Gobierno de Rajoy ha asegurado hoy que la crisis es "dramática", pero insistió en que el país ha recuperado la confianza de los mercados financieros y es por fin en el camino hacia la recuperación. Lamentablemente, este no es el caso. Los vigilantes de los bonos han estado en silencio sólo por el BCE se ha comprometido a respaldar el mercado de deuda español. La crisis en la economía real es cada vez peor. La ciudad lo sabe.La deuda pública pasó de 69% a 84% del PIB el año pasado, y sólo una parte se debió a que el banco rescate. Eso es un gran salto en un año y que subestima la deuda real. David Owen de Jefferies dice que la cifra real es 113pc vez que los créditos comerciales y las facturas pendientes de pago se incluyen, una cifra disponible del Banco de España.El déficit subió de 9.4% a 10.6% año pasado (o 7% sin gastos bancarios). El FMI espera que permanezca estancada en 6.9% en 2014. La mejora es glacial. Tiene ecos de Grecia y Portugal. El daño económico causado por los recortes de austeridad está erosionando los ingresos fiscales, alimentando una espiral infernal.Consumo de los hogares se está derrumbando, y también lo son los precios de la vivienda, como se puede ver:Como de costumbre, hay mucha angustia, y las quejas contra la "ultra-austeridad" y la Troika de la UE y el FMI (no es el tema en España). Los sindicatos hablan de una "emergencia nacional". Lo de siempre. Sin embargo, casi nadie en la vida pública española está dispuesta a admitir que la causa de todo este dolor es la estructura de la unión monetaria en sí.El euro dio lugar a tasas de interés negativas de 2% menos en España a principios de la década, y el lanzamiento de un auge incontrolable. El país se enfrenta ahora a un busto incontrolable. La cuestión elemental es la pérdida del control soberano sobre su tipo de cambio y la política monetaria.Me sorprende que una gran nación histórica debe soportar el desempleo 27%, o aceptar el estado vasallo de un régimen UEM incompetente y disfuncional. ¿Alguien en Madrid creo que los funcionarios de la UE en Bruselas saben realmente lo que están haciendo? O que los provinciales monetarios en Frankfurt (Draghi exceptuado) son mucho mejores? O que el Eurogrupo es un organismo civilizado después de la forma en que trata Chipre?El proyecto de la UE es de la maternidad de golf y el pastel de manzana en España. Se entreteje en el pensamiento público con la llegada de la democracia después de Franco y de la re-entrada de España en la corriente europea. Las subvenciones a Bruselas para un cuarto de siglo crearon una cultura de dependencia y deformado la mente española.Bueno, mentes pueden ser sin deformar.Hay algunas voces solitarias dispuestas a pronunciar la herejía. Yo soy un ávido seguidor de Ilusion Monetaria, un blog por el ex economista del Banco de España (y monetarista) Miguel Navascués aquí.Dr Navascues llama a las cosas por su nombre. Exhorta a España para liberarse de la UEM opresión inmediatamente.En la izquierda, el economista catalán David Lizoain dice que ha llegado el tiempo para que los socialdemócratas de preguntar si la UEM está haciendo más daño que bien, por lo que debe ser desmantelada.Os dejo con este extracto:

    
Debido a la arquitectura de la zona euro, los países de la periferia europea no pueden participar en un estímulo fiscal, un estímulo monetario, una devaluación competitiva, o una reestructuración financiera. Atrapado en medio de una espiral descendente de recesión, su espacio político es extremadamente limitada. El marco de la zona euro ha generado una depresión económica y una crisis de legitimidad democrática. Estas son las condiciones fértiles para incluso mayores fracasos políticos, y no para el éxito              Tomemos el caso español: Un estímulo procedente del sector público está prohibido tanto, en razón de los objetivos de déficit existentes, e imposible, a causa de los costes de financiación en los mercados privados. Canales de préstamos en el sector privado están bloqueadas, como el balance del sector financiero sigue abrumado por las deudas cada vez mayores malas procedentes de la explosión de la burbuja inmobiliaria. La medida obvia sería la de participar en una reestructuración financiera masiva (es decir, dejar que los malos bancos fallan).

    
Esto no es posible porque el BCE no va a actuar como prestamista de última instancia. Los bancos de la periferia no pueden dejar sin borrar los pequeños ahorradores. Con el fin de garantizar el seguro de depósitos, por lo tanto, se requiere un rescate del sector privado (y el Memorando de Entendimiento). En junio pasado los líderes de Europed declaró: "Afirmamos que es imprescindible para romper el círculo vicioso entre bancos y soberanos." Los hechos han demostrado que esto ha sido una promesa vacía. El costo del rescate de los bancos ahora se pasa a las arcas públicas, y los bancos se ahogan están tirando abajo los soberanos con ellos. Pero si esto no fuera suficiente, el acuerdo Chipre demuestra que ni siquiera de Seguro de Depósitos para los pequeños ahorradores se pueden tomar para la concesión

    
El giro de los acontecimientos en Chipre hace que sea mucho más difícil defender la idea de que el cambio en Europa está a la vuelta de la esquina, y que va a ser para mejor. El caso para el optimismo no se basa en fundamentos empíricos sólidos, hay poca evidencia de fuertes mayorías en Alemania a favor de las reformas que serían necesarias para poner fin a la crisis y el equilibrio de la zona euro

    
Si los países de la periferia eran de un estándar de oro, ya habrían sido forzados a salir de ella. La depresión euro inducida es un caldo de cultivo para el populismo, la antipolítica, el extremismo y la mala sangre, en general, es un ambiente tóxico para los sueños de una Unión cada vez más estrecha.

    
El curso de los acontecimientos exige el levantamiento del tabú que rodea a la disolución de la zona euro. Si la solidaridad no se puede lograr a través de una reforma progresiva de las instituciones económicas de Europa, entonces tal vez es hora de considerar la adopción de separarlos. Tal vez la única manera de salvar a la Unión quiere deshacerse del euro.Hay esperanza todavía.

Batallas lejanas




Iniciamos el camino hacia la montaña. Me embargaba una mezcla de euforia y tristeza; por un lado sentía la  alegría de abanderar de nuevo una expedición, aunque fuera sólo una pequeña operación de castigo, por otro, no podía olvidar que hacía muy poco tiempo había abanderado a otro señor de la guerra, vencido y muerto por mi nuevo rey, y pensaba también que, aunque gozara de su benevolencia, no podía olvidar que era su prisionero.
Cabalgamos por los valles que franqueaban el paso hacia la falda del primer monte entre  manantiales y florestas, los caminos duros llegarían más adelante; para no ser sorprendidos por alguna emboscada y encontrar un paso que nos evitara tener que subir el monte fueron enviados varios exploradores a reconocer el terreno. Los parajes seguían siendo un regalo para la mirada, sin embargo algo había cambiado, ahora sentía en mi corazón los tambores de la guerra, la cercanía de la muerte como una sombra que se alargaba por todo el camino que íbamos recorriendo, y todo aquello que antes era motivo de alegría ahora era premonición de nuevos desastres.
Los exploradores regresaron anunciando camino libre hasta las laderas escarpadas donde se encontraban los saqueadores, continuaríamos bordeando la ladera del monte a través de una estrecha garganta cubierta por las copas de frondosos robles, estos añejos árboles nos resguardarían de las miradas de nuestros enemigos hasta el pie de los riscos.
A la salida del desfiladero se veía nuestro objetivo, una alta pendiente rocosa con algunos matorrales, estaba bastante descubierto y los caminos de acceso eran casi impracticables salvo por el centro, a media ladera se divisaba un bosquete de espinos secos y más arriba unos hilos de humo delataban la presencia de los agresores de nuestros nuevos amigos. Los generales comprendieron que si querían atacar tendrían que subir por el mismo centro de la pendiente, precisamente donde seríamos más vulnerables; habría que contar con la fortuna y conque nuestros rivales tardasen en descubrirnos. Descabalgamos y empezamos a subir con sigilo, los soldados procuraban no entrechocar las armas y los escudos entre ellos ni con las partes metálicas de su propia armadura; yo seguía al rey con el estandarte casi horizontal para evitar ser visto, al tiempo, una aviesa idea me rondaba la cabeza, pero tuve que dejar de pensar en ello y agazaparme porque de pronto empezaron a llover piedras sobre nosotros, desgraciadamente nos estaban esperando y habían elegido el lugar que nos era más desfavorable para atacarnos desde sus refugios seguros. Varios soldados habían caído con la cabeza destrozada, fluía la sangre abundantemente por debajo de los yelmos, otros se doblaban sobre sí mismos como impelidos por un resorte con los rostros transformados en máscaras de dolor mientras las rocas caían sobre ellos. El rey instó a los arqueros a que lanzaran sus flechas pera proteger nuestra retirada hasta un sitio más seguro y ordenó a sus hombres que retrocedieran ordenadamente bajo severas penas para aquellos que huyeran en desbandada provocando el pánico de los demás. Por fin pudimos reunirnos más abajo, al abrigo de unas rocas a las que habíamos alcanzado a duras penas, tras dejar atrás algunos muertos y heridos, no obstante, la situación seguía siendo desesperada.  
Escuchábamos un griterío como de bestias salvajes montaña arriba, nuestros enemigos debían haber empezado a celebrar la victoria, estaba claro que no conocían a sus rivales. Nuestro capitán estaba parapetado detrás de una roca que se encontraba delante de la que a mí me guardaba. Hablaba con uno de los generales seguramente sobre la estrategia a seguir, mientras, el griterío había cesado, debían de haberse percatado de que nos habíamos detenido en nuestra huída y que ahora aguardábamos en sitio seguro.
El rey entonces dispuso que los arqueros disparasen sus flechas sobre las zarzas que se encontraban delante de nuestros agresores, pero esta vez lanzarían flechas incendiarias. Rápidamente el espacio que teníamos delante de nosotros se cubrió de saetas ardiendo que ofrecían un bello espectáculo crepuscular a nuestra vista, el cielo se veía encendido de llamas que iban a clavarse en el blanco elegido que ya daba muestras de sufrir los efectos del ataque. Las llamas y el humo surgieron rápidamente de los matorrales y se escucharon las primeras voces de alarma en el campo contrario. Cuando los generales consideraron que ya la zona por encima de las zarzas había sido desalojada iniciamos otra vez la ascensión por el centro, que esta vez no ofrecía peligro; ya no caían piedras sobre nosotros y pudimos llegar sin dificultad junto a los matorrales. Allí descubrimos dos pasos accesibles a ambos lados de las zarzas, pero podían estar cubiertos por enemigos. A ellos nos dirigimos con cautela para descubrir finalmente que no había nadie esperándonos. Subimos por allí a paso de carga y una vez salvada la ardiente barrera vegetal pudimos comprobar que el enemigo huía montaña arriba. Lo que ocurrió a continuación fue una carnicería espantosa.
Los rezagados son alcanzados por nuestros soldados más veloces y rematados sin contemplaciones, los que han alcanzado cierta ventaja son abatidos por las flechas de nuestros arqueros, algunas de ellas son todavía  incendiarias y los salvajes se debaten en una terrible agonía, ante una coyuntura tan desesperada, se giran dándonos la cara; a estas alturas ya se han dado cuenta de que seguir huyendo significa la muerte y deciden atacarnos con los enormes garrotes que portan. Nuestros hombres se agrupan disciplinadamente y avanzan hacia los salvajes en formación cerrada de cuatro en fondo, mostrando un pequeño pero muy compacto frente, y cerrando el avance los arqueros que continúan arrojando saetas para cubrir nuestro avance. Los salvajes, no obstante las flechas que reciben se lanzan sobre nuestra tropa con gran griterío, pero se encuentran con un muro de escudos erizado de picas que los atraviesan sin piedad. Según avanza nuestra formación va quedando detrás de ella una alfombra de cadáveres ensangrentados, algunos soldados caen, pero otros acuden a cerrar las filas, ofreciendo siempre un frente inexpugnable; pese a ser nuestros enemigos varias veces más numerosos que nosotros, no son capaces de hacer mella en estos experimentados soldados. Yo, pese al horror que siento al ver tal zarabanda de sangre y muerte, de carne rota y huesos astillados, no puedo dejar de maravillarme ante esta perfecta máquina de guerra que aplasta todo lo que encuentra delante. Ahora comprendo porqué tienen ese aire de seguridad, esa sensación que producen de ser invulnerables, también comprendo la facilidad con que nos derrotaron y el motivo por el que somos prisioneros.
Los salvajes ceden en su empuje y empiezan a retroceder dispersándose, los soldados abren filas e inician la persecución, la lucha se torna individual; un soldado, emerge a golpe de mandoble de entre un grupo rival que le había rodeado, el soldado sangra abundantemente por la cabeza, pero ataca con ímpetu y los otros van cayendo entre alaridos de dolor, algunos escapan del ataque; uno de los generales recibe un garrotazo en el hombro del brazo donde porta el escudo cayendo de rodillas, cuando el salvaje alza el garrote para asestarle el golpe de gracia, el general incorporándose inesperadamente le atraviesa la cabeza con su espada desde la quijada hasta la coronilla, el salvaje se desploma con el cuerpo completamente bañado en su propia sangre; cerca de él otro enemigo recibe el filo de una espada en plena espalda y queda tendido en el suelo al tiempo que sus miembros se agitan de un modo horrible; yo sigo al rey con mi improvisado estandarte por todo el campo de batalla al tiempo que él imparte órdenes y se quita de encima a espadazos a todo aquel que le enfrenta; un brazo cae a mi lado agarrado todavía a un imponente garrote, su antiguo dueño huye dando berridos mientras un soldado corre detrás de él gritándole que aguarde, que todavía no ha terminado; toda clase de escenas de inimaginable horror se suceden a un tiempo a mi alrededor mientras continuo en pos de mi señor, cabezas que ruedan por el suelo, cuerpos despedazados, heridas de las que mana la sangre como de una fuente, miembros que parecen tener vida propia, heridos que miran con ojos enloquecidos a sus heridas o al soldado que esta en trance de dar el golpe final. El rey está luchando con un salvaje que se defiende con una pica arrebatada a un soldado moribundo; en ese momento me da la espalda, la insidiosa idea vuelve a aflorar en mi cabeza como un torrente impetuoso, ¡Ahora puedo vengar a mi antiguo señor! ¡Ahora puedo vengar la muerte y la esclavitud de mis compañeros! Nadie mira, todos están ocupados en la batalla y no podrán salvarle, lo que voy a hacer es ignominioso y me va a llevar a la muerte, pero recuperaré el honor ante los míos. Le doy la vuelta al estandarte, del que sobresale la punta y dos codos de la pica, ya estoy alcanzando la espalda del rey cuando inesperadamente aparece un enemigo a su costado presto para golpearle, tras un instante de indecisión me arrojo sobre él y lo atravieso con la lanza...
al salvaje, que se desliza hasta el suelo y la muerte con un gruñido sordo. El rey, que acaba de rematar a su rival se gira alertado por el ruido a su espalda, contempla con mirada sorprendida al enemigo caído, atravesado aun por la pica, luego me mira a mí, que la sostengo, todavía más sorprendido; me tiemblan las piernas, no llego a comprender mi propia decisión; quería matarle y cuando se presenta la oportunidad de que muera, sin que ni siquiera tenga yo que intervenir le salvo la vida; no sé si me ha faltado el valor en el último instante o si en mi corazón ha nacido una nueva lealtad. El rey me sigue mirando de un modo extraño, parece como si comprendiera algo... me da las gracias en voz baja, como si le costase trabajo hablar, en un tono entre sorprendido y admirado; de pronto lanza una potente carcajada que se deja oír por encima del fragor del combate.   

miércoles, 12 de junio de 2013

El matrimonio de Pedro Malas Artes


Había una vez una moza que era rondada por un rapaz que, aunque tenía buena planta, no tenía mucha sal en la mollera. Muy listo no era, ni mucho ni poco, es decir: nada. Se llamaba Pedro el mozo, pero le daban en decir "Pedro Malas Artes", no por su maldad, que no la tenía, sino por los desaguisados que organizaba él solito.
La moza que él rondaba fue un día a dar de comer a los cochinos que tenía. Pedro estaba de visita en casa de ella, y desde la cocina le oyó decir: "siete puercos menos seis nunca veis, pero os mordéis", que viene a querer decir: os j..., os aguantáis; ya que la comida que les había llevado estaba hirviendo y les quemaba los hocicos, y los animales se quejaban.
Pero Pedro no lo entendió así, porque, como hemos dicho, muy listo no era. "siete cerdos y otros seis hacen trece, ¡No sabía que esta mujer fuera tan rica! Me tengo que casar con ella enseguida, antes de que otro me la quite" pensó el bueno de Pedro, y dicho y hecho: en cuanto la mujer regresó le pidió que se casara con él inmediatamente; cosa que hicieron una semana después.
Pero la vida de casado no solo era holgar como Pedro creía,; un día llegó su esposa y le dijo:
- Pedro, el arado está roto, y no tenemos yugo ni herramienta que valga la pena, así que a ver que hacemos.
El bueno de Malas Artes entendió la indirecta, aunque parezca mentira, y le dijo a su mujer:
- Pues mañana mismo voy a cortar un carballo (un roble en nuestras tierras), lo traigo a casa y yo mismo hago las herramientas.
Al día siguiente unció la pareja de vacas al carro y se fue a un monte cercano; buscó un árbol en condiciones y escogió el carballo más grande que encontró. Después de unas cuantas horas de hacha y sudor el roble comenzó a ceder, y Pedro pensó:" si pongo el carro debajo, cuando caiga el carballo quedará encima y me ahorraré el trabajo de cargarlo".
Dicho y hecho, colocó el carro junto al árbol con vacas y todo, cuando el corpulento y pesado roble cayó, aplastó carro y vacas.
- Pero quei fice - el infeliz se echaba las manos a la cabeza - rompí el carro y maté las vacas, y ahora mi mujer me va a matar a mí. Ya sé: me voy a poner en ese camino por el que pasan los gallegos que, como cambian de todo, me cambiarán a mí también, así luego ella no me reconocerá.
Así pues, se fue al camino por donde pasaban los buhoneros gallegos camino de la meseta, con la esperanza de que le cambiaran por otro, ya que en su simpleza, Pedro creía que hacían trueque con todo, incluidas las personas. Se tumbó a un lado en la hierba para esperarlos, pero al rato se quedo dormido.
Cuando despertó ya estaba el Sol muy alto y tenía hambre, pero recordó lo que le había pasado y le dio miedo volver a casa; pero el hambre pudo más que el miedo, así que, muy lógicamente pensó:
- Ya no soy yo; ya me cambiaron los gallegos.
Y se marchó a casa tan contento. Mientras, como tardaba en volver su mujer había salido a buscarlo. Dentro de la casa no había nadie y la comida estaba sin hacer; su suegra, con la que vivían tampoco estaba, ya que debía estar trajinando en el huerto.
"Qué hambre tengo" pensaba, y fue a la alacena y cogió lo primero que encontró dentro, que no era otra cosa que un trozo de manteca del tamaño de un queso, al cual, ni corto ni perezoso ensartó en un espetón y lo puso a asar en la lumbre. Bajó después por vino a la bodega y, cuando estaba sirviendo el vino de un pellejo que allí había a una jarra recordó la manteca que había dejado en la lumbre y subió corriendo porque temía que se le quemase, pero cuando llegó a la cocina se encontró con la manteca derretida y echando chispas sobre el fuego. Entonces recordó algo:
- ¡Ay, que me he dejado el pellejo abierto!
Bajó corriendo a la bodega y se la encontró convertida en lagar, las patatas; las banquetas y todo lo que estaba en el suelo nadando en vino. Chapoteando en el caldo huido buscó a tientas una escoba para barrerlo, pero solo encontró a una gallina que había elegido un rincón del sótano para incubar. Sin pensárselo demasiado, cogió la gallina por las patas y se puso a barrer el vino con ella, pero con tanta energía que acabó matando al pobre animal.
- Esta gallina es de mi suegra - pensó al verla muerta - si se entera me mata, si no lo hace antes mi mujer por las vacas, además, ¿quién incubará ahora los huevos? Ya sé lo que voy a hacer: los incubaré yo, y así pensarán que soy la gallina y me dejarán en paz...
En esto andaba cuando llegó la suegra diciendo:
- Mi pobre gallina, las horas que son y aún no le he dado de comer - y la llamaba - Pita, pita, ven por la comida.
Y Pedro desde la bodega no hacía si no cloquear para que la vieja no notara la falta. Pero la mujer, viendo que la gallina no aparecía bajó a buscarla, encontrándose a Pedro Malas Artes sentado en el nido y cloqueando. Al ver a la mujer, se llevó tal susto que salió corriendo de la bodega y de la casa, y la mujer salió detrás insultándole; lo huevos, que se le habían pegado a los pantalones comenzaron a caerse a causa del vaivén y Pedro, pensando que eran piedras que le estaba tirando la suegra y que caían muy cerca, no paró de correr hasta Portugal.
Cuando su mujer llegó a casa y vio los destrozos que Pedro había hecho se dio a todos los demonios y lo maldijo echando culebras por la boca, y ya no quiso saber nada más de él. Se quedó en casa con su madre y vivió feliz sin pensar ni por asomo en buscar otro marido.